sábado, 22 de octubre de 2016

Paisaje con candray al fondo


Estampa de un candray con las montañas de sal en primer plano y Chiclana al fondo.

Esta embarcación surcó el río Iro y los caños de Bartivás y Sancti Petri hasta bien entrado el siglo XX. Ha quedado como la embarcación típica y representativa de las salinas. Podían cargar hasta 20 lastres o casi 50 toneladas de sal


IRO XXI | CHICLANA

Los desplazamientos entre los núcleos urbanos y las explotaciones salineras de la Bahía de Cádiz se han hecho durante siglos a través de los caños. No había más remedio. También entre Chiclana y Cádiz. En esa travesía el río Iro fue una vía muy frecuentada, junto al caño de Bartivás y, sobre todo, el gran caño de Sancti Petri, que comunica con el interior de la Bahía. Para ello se usaban embarcaciones de corto calado que servían al mismo tiempo para transportar las cosechas de sal y para llevar a Cádiz y a su puerto, además, botas de vino para el comercio con América. La más popular y frecuente de esas embarcaciones –especialmente, durante el “furor salinero” del siglo XIX– fue el llamado candray, una barcaza construida en madera de roble y de encina, entre 18 y 20 metros de eslora, cinco de manga y uno de puntal. Tenían una doble proa que le permitía navegar en ambos sentidos y una llamativa vela latina. Este candray –aglicismo que proviene de “candry”, lata seca, nombre que recibían en Gran Bretaña los barcos de pesca de aguas de muy poca profundidad– se adaptó perfectamente a la Bahía de Cádiz, donde servía para múltiples menesteres, pero ha quedado en la memoria como la embarcación típica y representativa de las salinas.

Cuando ya el tráfico a través del río Iro era bastante complicado por el nulo calado, en el apartadero de Bartivás, por ejemplo, en los años 30 aún era frecuente ver candrays que venían desde Portugal para volver llenos de sal y que, ya de paso, completaban la carga con uva rey para verdeo, es decir, para su consumo como fruta. Algunas estampas y la memoria de los salineros han dejado constancia de cómo se hacía esa “cargá” de sal en los candray, que pese a su aparente ligereza podían transportar perfectamente en torno a 48 toneladas o 20 lastres, que es una vieja medida de volumen anterior al sistema métrico decimal que los salineros han conservado y aún usan. Es una medida de capacidad, y no de peso, que corresponde a 48 fanegas. Y una fanega sería 55,5 litros, según la medida de áridos habitual en Castilla, o el equivalente a 112 libras castellanas, aproximadamente 50 kilos de sal. Aunque los salineros, hacían la cuenta más simple aún. El número de parihuelas con las que se cargaba la sal daba la medida del cargamento: una parihuela enrasada equivalía a una fanega en 1766. Aunque ya en el siglo XIX, los salineros daban por hecho que treinta y tres parihuelas, aunque evidentemente ya sin enrasar y haciendo montón, equivalían a un lastre. Es decir, a unos 2.400 kilos.

La frecuente y constante demanda de sal hizo que un gran número de estos candrays surcaran los caños, hasta el pie mismo de los saleros, que es como se llaman las mal denominadas “pirámides” de sal, habitual en el paisaje salinero de la Bahía de Cádiz. De ahí al apartadero o embarcadero se llegaba al candray a través de dos tablones. Y hay que tener en cuenta que para cargar un candray con 20 lastres se necesitaban, aproximadamente, 660 cargas de esas parihuelas tipo cajón con cuatro maniguetas y una paciencia infinita.


¿SABÍAS QUÉ…?
  1. El barqueo intermedio y obligado, entre la salina y los grandes barcos atracados en el muelle de Cádiz era una cuestión de la máxima importancia, pues suponía una parte muy importante de los costos de producción o venta de la sal. 
  2. La tripulación de un candray constaba de un patrón y tres o cuatro marineros y su movilidad se la suministraba una sola y grande vela del tipo latina.
  3. Las salinas se clasificaban según la dificultad y el gasto que originaba su carga en: “salinas que podían cargar en todo viento y marea”, “salinas que podían cargar en todo viento y marea, excepto fuerte viento de levante”, “salinas a las que podía arribarse con cualquier viento, pero no todas la mareas”, “salinas en las que podía cargarse con todo viento y levante flojo en la primera punta del aguaje”, “salinas cuyos caños solo eran accesibles con ciertos vientos y mareas” y, finalmente, “salinas con problemas de accesos variados a sus caños”.
  4. Los candrays en su última época ya en el siglo XX, también sirvieron para transportar la arena que se dragaba en el caño de Sancti-Petri y descargaban junto al estribo del puente Suazo en San Fernando.
Leer en EL PERIÓDICO DE CHICLANA. Nº 69. Pág. 19

sábado, 15 de octubre de 2016

El Gadir fenicio de Chiclana


Recreación de la ciudad fenicia por Díaz de la Torre.


Una descripción de los restos arqueológicos fenicios hallados nos sumerge en los orígenes de la ciudad


IRO XXI | CHICLANA

Acerca de los orígenes de Cádiz, las fuentes clásicas, concretamente Estrabón, nos dice lo siguiente: “Sobre la fundación de Gádeira, he aquí lo que dicen recordar los gaditanos: que cierto oráculo mandó a los tirios fundar colonias en las Columnas de Hércules… En la tercera expedición fundaron Gádeira en el lugar en el que acabó su viaje: el templo fue construido al oriente de la isla, la ciudad al occidente". El templo se supone que estuvo en los alrededores del Castillo de Sancti Petri, por la cantidad de objetos arqueológicos importantes que han aparecido y la ciudad Gadir, se sabe que es la actual Cádiz.

Recientemente, gracias a la arqueología sabemos que existieron otras fundaciones fenicias en la Bahía de Cádiz, como es el caso de Chiclana. Desconocemos el nombre antiguo de este asentamiento, pero la lectura detenida de alguno de estos relatos, concretamente la Ora Marítima de Avieno, nos permite platear la hipótesis de que quizás se trate del castillo de Gerión. En cualquier caso, a la luz de los restos aparecidos, la descripción de mano de estos antiguos geógrafos, podría haber sido la siguiente:

…Y en un promontorio junto a la costa, dominando un amplio río que se dirige a los bosques tartesios, los fenicios fundaron otra ciudad y la dotaron de una potente muralla, a la que se accedía por una estrecha puerta, flanqueada de altas torres, de base pétrea y adobes. Construida como saben los cananeos, tenía doble muro y cajones rellenos de arena amarilla, que abundaba en el lugar. Su robustez desafiaba el paso del tiempo y el envite de los arietes. La construyeron los mismos alarifes que habían trabajado en la construcción del templo de Jerusalén. La mano de obra fue del lugar, e hizo falta mucha piedra y empleo de adobes para terminarla. Dicen que se construyó al poco tiempo de llegar a Gadeira y fundar el templo de Melqart.……...el barrio de mercaderes se encontraba en el interior de la ciudadela y en él convivían distintas tribus, cada una de las cuales contaba con su propio barrio. Las casas eran bajas y de techos planos. Las plazas y calles, algunas empedradas, suficientemente anchas para permitir el paso de los carros, separaban un barrio de otro y se convertían en lugares de encuentro porticado. 




…El olor a comida de los fogones y a tortas de cereal de los humeantes hornos tunnur, convertía el ambiente en algo entrañable y familiar. Los niños corrían mientras jugaban por la calle, tropezando indiferentes con las mujeres que se dirigen al Karum o mercado donde se agrupan los talleres artesanales. Los mercaderes ofrecen productos de primera necesidad, como trigo, cebada, vino, aceite, sal, pescado, salazones; pero también preciados y exóticos, como joyas, oro, plata, cobre, marfil, pasta vítrea, huevos de avestruz. Las valiosas telas, con sus preciosos tonos púrpura, teñían de color y elegancia el desorden del bullicio. 


…En el puerto fluvial, al amparo del viento de levante, descansa la flota amarrada al muelle de madera. Los grandes barcos mercantes relucientes y calafateados con negro betún, ocultan los inquietos hippoi, que se preparan para el próximo viaje a tierras de Canaán.

¿SABÍAS QUÉ?

  1. Los fenicios llamaron Gadir a Cádiz por tratarse de un lugar fortificado, amurallado. Así que Chiclana también es otro Gadir. De ahí que los griegos al referirse a las fundaciones fenicias en el archipiélago gaditano las llamaran Gadeira, en plural. Rufo Festo Avieno fue el poeta latino del siglo IV a.C que escribió la Ora Marítima, basándose en periplo griego del siglo VI a.C., y que dice que “frente al cabo del templo, estuvo el Castillo de Gerión”.
  2. La muralla, por ser del tipo de las que se denomina “de casernas”, es de las más antiguas descubiertas en la Península Ibérica junto a otra de Alicante. 
  3. El templo de Melqart, dios del comercio, rey de la ciudad y protector de la ciudad, que se supone estuvo en las inmediaciones de Sancti Petri, es, según las fuentes, la fundación fenicia más antigua de Occidente, aunque los restos arqueológicos más antiguos aparecidos hasta el momento están en Huelva.
  4. El Yacimiento Arqueológico del Cerro del Castillo está protegido como Bien de Interés Cultural (BIC), no por su importancia, sino porque en la zona estuvo situado el Castillo del Iro.
  5. La conferencia inaugural del II Master de Patrimonio, Arqueología e Historia Marítima, que tendrá lugar el próximo 13 de Octubre de 2016 estará dedicada al yacimiento del Cerro del Castillo, su descubrimiento y futura puesta en valor.
Leer en EL PERIÓDICO DE CHICLANA. Nº 68. Pág. 19

sábado, 8 de octubre de 2016

De la etimología del río Iro (I)

Recreación de la llegada de los barcos fenicios, a la derecha el Cerro del Castillo.

Las hipótesis históricas sobre el origen de su nombre refieren su raíz indoeuropea, fenicia e, incluso, vinculado a la diosa griega Iris


IRO XXI | CHICLANA

La etimología del hidrónimo con el que se conoce el río en la actualidad –Iro– está aún por resolver. Desde hace tres mil años, desde que se ha constatado la existencia de un asentamiento en el cerro denominado como El Castillo, el río aparece unas veces mencionado por los historiadores como Tiro o Siro y otras como Besilo ya en la Edad Media. Al menos desde el siglo XVII hasta ya andado el siglo XX, indistintamente, se le ha llamado Lirio, Liro o Iro. 

¿Por qué Iro? La pregunta ha dado lugar a algunas suposiciones enraizadas en la Antigüedad. La primera le otorga a Iro una raíz indoeuropea y un significado que es simplemente “el río”. Pero no cualquiera, sino uno “enérgico” e “impetuoso”, como escribe Paloma Bueno. “Podemos decir que la raíz ir –señala– forma parte desde época antigua del nombre de muchos ríos de características similares que existen en diversas zonas de habla indoeuropea. Según la etimología, el elemento originario es el fonema /r/, con motivación onomatopéyica y un sentido asociado a la idea de energía y violencia que se aplica a un río o arroyo impetuoso”.

Por tanto, sería denominación anterior aún a los fenicios que navegaban el río entre Asido (Medina) y el templo de Melqart en Sancti Petri. “La sonante r se apoyó en la /i/ de donde procedería el nombre turdetano de ir, que remontaría a la primera lengua hablada aquí al menos desde la Edad del Bronce –sigue afirmando–. La raíz ir sería el origen del nombre del río, por tanto una denominación indoeuropea que haría alusión a la fuerza de éste, y que existiría antes de la llegada de los fenicios a la Bahía de Cádiz”. La existencia en el Cerro del Castillo de construcciones anteriores a la época fenicia podría avalar esta hipótesis. 

De los fenicios, en cambio, se ha escrito sin apenas fundamento que lo llamaron Tiro, como su ciudad de origen. Nombre que también le pusieron al castillo que construyeron en lo alto del cerro donde las excavaciones arqueológicas han hallado un muro defensivo de indudable factura fenicia y similares a otros hallados en Líbano y Siria. De Tiro derivaría sencillamente en Iro. O Siro. O Liro…

Aunque asociada a la mitología griega, es posible citar otra teoría, la que lanzó el profesor José Manuel Paredes Grosso en un libro publicado en 1985: El jardín de las Hespérides: Los orígenes de Andalucía en los mitos y leyendas de la Antigüedad. Ahí escribe: “Quizá el río Iro, que cruza la ciudad de Chiclana, tome su nombre de Iris; pues a los que hacían encargos o transmitían mensajes, los antiguos griegos les llamaban con el nombre de la mensajera divina. Así, en la Odisea, el mendigo que luchó con Ulises en su palacio era llamado Iro por su ocupación de correo de los pretendientes”.

Iro, provendría por tanto de la diosa Iris: la mensajera de los dioses y padre de Eros. La que a veces se suponía esposa de Céfiro, el viento que adoraban los tartessos según Schulten. Y, como explica Paredes Grosso, Iris, como sus hermanas, las Harpías, es una divinidad de origen marítimo: “Representa el principio de unión entre la Tierra, el Cielo y los Infiernos. Es la encargada de acudir al Occidente para llevar agua de la Estigia al Olimpo cuando los dioses juran solemnemente”. 

A través del Iro, por tanto, debiera de haberse realizado algún tipo de transporte vinculado con los sacerdotes del templo de Hércules Gaditano –el Herakleion–, con el que los romanos preservaron el culto al Herakles griego y el Melqart fenicio.


¿SABÍAS QUÉ?
  1. El Iro da nombre, precisamente, a “El Lugar” y “La Banda”, la dos grandes zonas en la que se divide la ciudad. La división de la villa de Chiclana por el río hizo que en la Edad Media ya se usara ambas denominaciones, aunque en ambas se han encontrados asentamientos de época fenicia. 
  2. “El Lugar” hace alusión, según el Diccionario de la Real Academia Española, a la tercera acepción de ciudad, villa o aldea. Es, por tanto, sinónimo. Y refiere a que en ella estaba asentada propiamente la villa y sus instituciones: la iglesia, el concejo, la cárcel…
  3. “La Banda” es una denominación, al menos, anterior al siglo XVI, cuando en los alrededores de la entonces ermita de San Sebastián se erigía en tiempos de epidemias el degredo u hospital para apestados.
  4. Esta acepción de “La Banda” es sinónimo de “lado” y hace referencia, más concretamente, a la otra banda del río. Según, como es lógico, los vecinos del propio Lugar. Con el tiempo, la denominación debió de perder el pronombre “otra” y quedarse simplemente en “La Banda”.
Leer en EL PERIÓDICO DE CHICLANA. Nº 67. Pág. 19

sábado, 1 de octubre de 2016

¿Alguna vez el río limpio? ¡Ojalá!

Bella estampa la que forma el río con la marea llena, reflejándose
el Puente Chico y, al fondo, el del VII Centenario.

En esta ocasión, trasladamos una visión más personal sobre el estado del río Iro a su paso por la ciudad. En el texto se reivindica, no sola la importancia de una limpieza de las aguas, sino también el buen cuidado por parte de todos


IRO XXI | CHICLANA

El pasado viernes cruzaba el río Iro por el puente chico, el coche lo había dejado en la Banda, en el aparcamiento “vigilado” en el que se convierte el fondo de levante del campo de Futbol. Todos los días que no son fiesta, incluidos los sábados, hay que pagar un euro sin limitación de tiempo por las mañanas. Esmirriada colaboración, me parece, a esos jóvenes chiclaneros, que aspiran a llegar a ser un Ronaldo o un Messi, jugando y militando con el Chiclana C.F. en la División de Honor Andaluza.

Reconozco que de puentes me gustan todos, tal vez deformación desde mi juventud, me gustaba el barroquismo del antiguo, el del 27, el que se quiso llevar la inundación del 65 y me gusta la simplicidad y sencillez del actual. 

Tal vez el primero quería ser más que el río y más que un puente, quería ser bello por sí mismo y destacar con su presencia, no le importaba lo que había abajo, algo así como a la burguesía ilustrada chiclanera, de la que fue fruto, que quería estar, ser y que se notara.

El otro, el actual, tal vez peca de humildad, no quiere quitarle protagonismo al río, quiere pasar con sencillez sobre él sin que se note, parece que le gustara ser invisible. Se asemeja más al pueblo sencillo, que no aparece en los diarios, a la multitud callada y silenciosa de presencia mayoritaria e innegable. 

De uno y otro me fascina su utilidad, nacieron para ser útiles a todos, sin clases ni abolengos, a todos. A todas las personas, no a los coches, ni a su ruido, ni a sus excesivas formas y pesos.

Me deleita además su emplazamiento, está donde tiene que estar, algo que parece de “Perogrullo” pero que no es tan fácil de conseguir o de observar, ya que no sólo une la Banda y el Lugar, sino que lo hace en su centro, en su ombligo, frente a la calle de la Vega.

El río desde el Puente Chico, con marea vacía.

El Puente Chico se suele cruzar con rapidez, pues normalmente te suele azuzar el levante o el poniente. El viento provoca que te ajustes la chaqueta o sariana, antes la camisola, te encorves una miaja y mirando el suelo aligeres el paso.

Pero el viernes no hacía viento y sí hacía sol, el poco aire que corría hasta me aliviaba del calor. Tardé demasiado en cruzarlo, la razón no era otra de que había al menos tres parejas, que no me parecían vecinos de la ciudad, echándose fotos y prefería parar y que realizaran bien su encomienda a introducirme de mala manera entre el objetivo y su imagen.

Justamente estaban fotografiando el río. Se encontraba con agua, aunque no lleno, o la marea era baja o si era alta estaba aún subiendo. Que hermoso estaba el lecho del Iro así, semi-lleno, y sin querer ver la basura de sus márgenes. Hasta me dio tiempo de observar unas grandes lisas serpenteando por sus orillas. Seguro que si hubiera estado vacío, la fotografía no sería la misma y el atractivo desgraciadamente distinto.

Hace ya más de treinta años que no se limpia su cauce, ¿para cuándo un río limpio y cuidado por todos?


¿SABÍAS QUÉ?
  1. Antes de la gran inundación de 1965 y las obras de encauzamiento, del cauce del río se sacaba, con palas y a mano todos los veranos, gran cantidad de arena “dulce” para utilizarla en la construcción. Se extraía en el tramo comprendido entre las estaciones elevadoras y el Puente Chico. 
  2. Sólo el movimiento de las mareas, dentro del cauce del río, no tiene capacidad, fuerza suficiente, para mover y retirar hacia el caño de Santi-Petri, todas las tierras que se sedimentan en el lecho del tramo urbano del río, durante la época de lluvias. 
  3. La única vez que este tramo se limpió, mediante máquinas y camiones, aconteció hace poco más de treinta años y fue necesario levantar un camino central de tierras, que se fue retirando al mismo tiempo que se hacía la operación de extracción y acarreo de los sedimentos depositados.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La laguna de Jeli

Las aves buscan un lugar donde refrescarse en las aguas que se forman en la zona.


Sólo se percibe su presencia en los días de lluvia, bien con aguaceros muy intensos o porque las tierras empapadas empiecen a drenar por su superficie la gran cantidad de agua caída


IRO XXI | CHICLANA

De la cuenca hidrográfica, que se le asigna al río Iro de 218 kilómetros cuadrados, el 60 por ciento corresponde a la superficie y lógicamente al agua que le aporta el arroyo del Salado y el otro 40 por ciento corresponde al arroyo de la Cueva.

Si seguimos curso arriba del Salado, el primer “subafluente” con el que nos toparemos es el llamado arroyo de las Tortas, que desemboca frente al cementerio mancomunado, en un punto cercano a la margen derecha de la carretera a Medina Sidonia. Este arroyo así como la mayoría de los “subafluentes”, que son muchos en la cuenca del Iro, son sólo producidos por la escorrentía, es decir por las aguas de lluvia que recogen, sin que a ellos acudan aguas, en la mayoría de los casos, de ningún manantial. Sólo se percibe su presencia en los días de lluvia, bien con aguaceros muy intensos o que por la gran cantidad de agua caída, las tierras empapadas ya empiecen a drenar por su superficie.

La única manera de determinar su cauce, en tiempos secos, es observando, con meticulosidad, la vegetación más consistente y densa que crece a lo largo de todo su lecho.

Este arroyuelo de las Tortas, tiene además una singularidad, pues a él evacúan las aguas que excedan de la capacidad de almacenaje de la laguna de Jeli.

Esta laguna, cuyo perímetro tiene forma, que se asemeja a un triángulo, de unos 800 metros de longitud y 450 metros de anchura, su vaso, de arcillas muy impermeable, permite una profundidad que llega a ser de mas de dos metros, sus aguas se consideran como “dulces”. Por muchos está considerada como de aguas permanentes, aunque en grandes ciclos de sequía ha aparecido cercana a su agotamiento. 

Se encuentra situada al noreste de Chiclana y a 3,5 kilómetros de la carretera de Medina, dentro de la finca de la Vitoria.

La laguna, un lugar natura idílico

Entre las especies que suelen nidificar entre su vegetación, están el somormujo lavanco, el calamón común y la focha cornuda. Aunque su mayor interés estriba en la presencia de muchas aves de paso camino del continente Africano, debido a la proximidad del pequeño lago al estrecho de Gibraltar. Malvasías cabeciblancas, cercetas pardillas o flamencos, además de muchísimas cigüeñas, se han llegado a avistar más de 700 ejemplares en algún momento, e incluso alguna espátula, todas utilizan la laguna como una verdadera estación de servicio, donde reponen fuerza en su volar por la “autopista aérea” que une el norte de Europa con el continente africano.

Se ha comprobado desde hace años como muchas parejas de cigüeñas se hacen sedentarias, en la zona, pues se nutren de comida entre los vertederos cercanos como el de Miramundo y la vegetación y ricas algas de la laguna. Lo mismo ocurre con cigüeñas provenientes del norte de España y de Europa que invernan en la zona sin necesidad de cruzar el estrecho de Gibraltar.

La vegetación que crece dentro de la laguna y en los bordes de la misma, compuesta sobre todo por juncos, eneas, castañuela y tarajes, jugaron un papel importante, hasta los años setenta del pasado siglo, como material imprescindible para la cubrición, mediante sucesivas capas, de las chozas. Este material vegetal de la cubierta era necesario reponerlo periódicamente, en función de la intensidad de las lluvias anuales, se le llamaba “echarle una camisa”.


¿SABÍAS QUÉ?

  1. Esta laguna de Jeli y la de Montellano, tienen ambas la misma superficie de cubeta (23,5 ha) y son de las mismas características ambientales. Montellano está situada al norte de Jeli, entre los términos de Chiclana y Puerto Real, juntas forman el Complejo Endorréico de Chiclana. 
  2. Estas lagunas, se encuentran protegidas como Reserva Integral Zoológica desde 1987, declarando además una Zona Periférica de Protección que las envuelve de 567 hectáreas. Están declaradas como zona de especial protección de aves (ZEPA). 
  3. A través de la cañada del Fontanal, desde la carretera de Chiclana a Medina, se puede acceder a las dos lagunas. Es necesario la autorización de la Agencia de Medio Ambiente para realizar las visitas. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

El viaducto de la A-48 comprime el Iro

El río a su paso por Pago del Humo, a fondo se aprecia la autovía A-48


El paso se encuentra protegido por un valla en cada margen que, casi siempre, se encuentran izadas, pues son muy pocas las ocasiones en las que se hace intransitable, solo en los escasos momentos de grandes avenidas


IRO XXI | CHICLANA

Muy cerca del viaducto, antes de llegar al puente, río arriba, nos encontramos con un vado artificial sobre el cauce del río. Este es muy utilizado pues facilita la comunicación entre las carreteras de Medina y del Pago del Humo y en especial es un acceso rápido al Polígono Industrial de Pelagatos desde Medina y la parte alta de la Banda.

El fondo o el firme de dicho vado es de hormigón y deja desaguar las aguas muy bajas, mediante dos tuberías de 0,70 m de diámetro. El paso se encuentra protegido por una valla en cada margen, las cuales casi siempre se encuentran izadas, pues son muy pocas las ocasiones que se hace intransitable, sólo en los escasos momentos en que se producen grandes avenidas.

Un poco más adelante, por encima del vado, se encuentra el puente de la carretera de circunvalación de Chiclana, la A-48, que se compone de una estructura de hormigón armado compuesta de tres vanos de 25 metros. A pesar de la amplitud de su hueco u ojo que deja el puente, parece, a la vista de los últimos estudios sobre inundabilidad, que acompañan, como anejos, a nuestro Plan de Ordenación, que ya desde su nacimiento se ha construido pequeño.

La avenida de los 250 años de retorno puede desaguar a su través, aunque originando un remanso de cerca de dos metros, es decir, que pasaría como en la inundación de 1965 con el puente grande que al actuar como una presa retuvo tal cantidad de agua que en los pisos de las casas de El Pilar, la altura de las aguas llegaron a más de dos metros por encima de las que alcanzaron en la plaza de España. Para esa avenida le calculan, que el agua que pasaría por ese punto aportaría un caudal de más de 900 metros cúbicos por segundo.

Una vez cruzado este puente, en la carretera nacional, el río continúa hacia arriba, ciñéndose a la carretera de Medina (A-390) y formando otro meandro, tan profundo como el que reseñamos en un artículo anterior, pero más pequeño y parece que intenta penetrar en el Cementerio Mancomunado hasta cuyas puertas llega, aunque al otro lado de la carretera. Discurre, desde dicho puente, con mucha vegetación en sus márgenes, una distancia de unos 2700 metros hasta la confluencia con el Arroyo de la Cueva.

A partir de ese punto, que para muchos es donde realmente nace el río Iro, se divide en dos grandes “afluentes”, el Arroyo del Salado, que atravesando la carretera se extiende hasta el norte de Medina Sidonia, siempre en dirección noreste y el Arroyo de la Cueva que también se interna en término de Medina pero en dirección sureste.

Sorprende la poca importancia, en cuanto a su capacidad hidrológica, que históricamente se le ha dado a la cuenca hidráulica de nuestro río, pues si el actual puente se ha diseñado con dificultades de evacuación de las aguas que le llegan, ya vimos lo que sucedió con el puente presa y el antiguo puente grande.

Curiosamente que del antiguo puente grande, el cual se terminó de construir en 1.863, un cronista de la época, Autrán, escribió: no tiene otro defecto que el de sus desmesuradas proporciones. Es mucho puente para tan poco río.

Muy cerca del viaducto, antes de llegar al puente, río arriba, nos encontramos con un vado artificial sobre el cauce del río. Este es muy utilizado pues facilita la comunicación entre las carreteras de Medina y del Pago del Humo y en especial es un acceso rápido al Polígono Industrial de Pelagatos desde Medina y la parte alta de la Banda.

El fondo o el firme de dicho vado es de hormigón y deja desaguar las aguas muy bajas, mediante dos tuberías de 0,70 m de diámetro. El paso se encuentra protegido por una valla en cada margen, las cuales casi siempre se encuentran izadas, pues son muy pocas las ocasiones que se hace intransitable, sólo en los escasos momentos en que se producen grandes avenidas.

Un poco más adelante, por encima del vado, se encuentra el puente de la carretera de circunvalación de Chiclana, la A-48, que se compone de una estructura de hormigón armado compuesta de tres vanos de 25 metros. A pesar de la amplitud de su hueco u ojo que deja el puente, parece, a la vista de los últimos estudios sobre inundabilidad, que acompañan, como anejos, a nuestro Plan de Ordenación, que ya desde su nacimiento se ha construido pequeño. La avenida de los 250 años de retorno puede desaguar a su través, aunque originando un remanso de cerca de dos metros, es decir, que pasaría como en la inundación de 1965 con el puente grande que al actuar como una presa retuvo tal cantidad de agua que en los pisos de las casas de El Pilar, la altura de las aguas llegaron a más de dos metros por encima de las que alcanzaron en la plaza de España. Para esa avenida le calculan, que el agua que pasaría por ese punto aportaría un caudal de más de 900 metros cúbicos por segundo.

Una vez cruzado este puente, en la carretera nacional, el río continúa hacia arriba, ciñéndose a la carretera de Medina (A-390) y formando otro meandro, tan profundo como el que reseñamos en un artículo anterior, pero más pequeño y parece que intenta penetrar en el Cementerio Mancomunado hasta cuyas puertas llega, aunque al otro lado de la carretera. Discurre, desde dicho puente, con mucha vegetación en sus márgenes, una distancia de unos 2700 metros hasta la confluencia con el Arroyo de la Cueva.

A partir de ese punto, que para muchos es donde realmente nace el río Iro, se divide en dos grandes “afluentes”, el Arroyo del Salado, que atravesando la carretera se extiende hasta el norte de Medina Sidonia, siempre en dirección noreste y el Arroyo de la Cueva que también se interna en término de Medina pero en dirección sureste.

Sorprende la poca importancia, en cuanto a su capacidad hidrológica, que históricamente se le ha dado a la cuenca hidráulica de nuestro río, pues si el actual puente se ha diseñado con dificultades de evacuación de las aguas que le llegan, ya vimos lo que sucedió con el puente presa y el antiguo puente grande.

Curiosamente que del antiguo puente grande, el cual se terminó de construir en 1.863, un cronista de la época, Autrán, escribió: no tiene otro defecto que el de sus desmesuradas proporciones. Es mucho puente para tan poco río.


¿SABÍAS QUÉ?
  1. Muy difícilmente el agua de mar puede llegar, en la actualidad, hasta la carretera nacional, sería necesario una marea del mayor coeficiente impulsada por un gran temporal del suroeste que inundara sorprendentemente la marisma. 
  2. Mucha cartografía designan al trozo de río desde el Arroyo de la Cueva, al puente de la Carretera Nacional, como Arroyo del Salado. 
  3. Existen otros, bastantes, ríos y arroyos, en la provincia y España designados con la misma denominación de “Salado”. En la provincia de Cádiz existen arroyos homónimos, al menos en Rota, Puerto Real, Cónil, Jerez, Arcos, y Jimena. 
  4. El apelativo de “Salado”, en la mayoría de ocasiones, no proviene de la intrusión del agua de mar, sino del origen geológico de las tierras por las que discurren. Suelen ser terrenos yesíferos, con grandes cantidades de sulfatos, sobre todo el sulfato cálcico el que le da un sabor salobre a sus aguas. 


sábado, 10 de septiembre de 2016

Una "ficción fluvial escurrida entre zarzas"


El escritor chiclanero Fernando Quiñones describió de manera magistral, aunque no muy positivamente, al río Iro en el cuento “Todo un verano para el padre Alfonso”, con el que inicia la "novela en relatos" titulada "El coro a dos voces"


IRO XXI | CHICLANA

Aquello que escribió Fernando Quiñones del río Manzanares –“un río con más versos ya que agua”–, no es lo que le sucede a nuestro río Iro. Y no por su cuenca, más o menos escasa, según las mareas, sino por la poca fortuna que ha tenido en la literatura: “Bastantes días al año, en las bajamares de muchos grados, el presunto río ni era capaz de parecerlo a su paso por la población. Más que moverse, allí yacía aquella trabajosa ficción fluvial escurrida entre zarzas y cenagales opulentos; el mar lograba alcanzar Contreras moribundo y a rastras, como en un enorme esfuerzo final por tocar el pueblo con la punta de un dedo”. 

Así lo describe el escritor chiclanero, uno de los grandes narradores andaluces del siglo XX. Esa descripción del río Iro aparece en uno de sus cuentos: “Todo un verano para el padre Alfonso”, el primero de esa “novela en relatos” que es el libro “El coro a dos voces” (1997). Es en este mismo texto donde escribe aquello de “Contreras subía lánguidamente por la solanera muda, desde el río puercachón hasta el pie de la colina rematada por la ermita de Santa Ana”.

¿Por qué dice entonces Contreras? Así llamaba Quiñones en la ficción de sus relatos “fantásticos extraños” a Chiclana. Cambia el nombre, pero la descripción de la ciudad es de enorme fidelidad. Tanto en ese relato, como en “Cubalix” (1978), que también transcurre en Contreras/Chiclana. 

Sin embargo, particularmente nos interesa “Todo un verano para el padre Alfonso”, porque es aquí donde se detiene en el río Iro, aunque nunca lo llega a nombrar, como un protagonista más: “Apenas dejarse atrás las casas y bordeado a trechos de cañares y eucaliptos, el presunto río ya enseñaba otra cara algo más presentable, desde el lugar que le dicen La Resbalosa: allí donde, cosa de cien años antes, una banda de chiquillos sacó de entre carroñas de animales y maderámenes a medio licuar un costillar humano en bronce, de tamaño natural, con su esternón y sólo tres costillas de menos”, continúa la descripción.

Y prosigue con las alusiones, no precisamente bienintencionadas del río: “Sea como fuere, desde aquel día tan lejano nada había dado de sí el aborrecido emplasto del río, excepto inundaciones, infecciones y agobiantes pestazos imprevistos”. El relato narra un hecho extraordinario: la aparición en el río de “un pez plano muy grande y oscuro, como un lenguado con algo más de tres metros de cabeza a cola” que el padre Alfonso (trasunto del famoso Padre Salado) protege en una cueva fluvial bajo la parroquia de San Telmo, que dibuja así: “Emplazada junto al río, brazo de mar más bien, la iglesia de San Telmo comunicaba con él sin que dejaran verlo los abultados fangales de la orilla y sobre todo el Yapasaste, como el humor contrerano llamó a los breñales de cambrón, junquillo, escaramujo y toda la erizada antología de espinas que bordeaba antaño la corriente”. 


¿SABÍAS QUÉ?
  1. Quiñones, según desveló en el propio epílogo de “El coro a dos voces”, concibió “Todo un verano para el padre Alfonso” como un borrador de una futura novela que no llegó a publicar. “Noventa folios que, reducidos a once, pasaron luego a quince y, por fin, a la extensión que aquí tiene”, que son veintiuna páginas en la primera edición de Anaya & Mario Muchnik.
  2. El propio escritor aclaró en el epílogo que este relato “acopia más referencias verídicas que las suponibles”. Y matiza, incluso: “En el del padre Alfonso, que toca el siglo pasado, proviene de la realidad, incluso con alguno de los detalles increíbles, el pueblo en su momento, 1933, el apellido, profesión e ideología del protagonista, y circunstancias de su vida dadas en el texto, que también pudo titularse «El libertador»”.
  3. Ese mismo padre Alfonso que da título al relato es una espléndida transposición de Fernando Salado Olmedo, el padre Salado, que por necesidad sitúa de párroco de San Telmo, aunque nunca lo fue. “Hombre por encima de la cuarentena y dueño de un espíritu abierto y una cultura nada usuales en los curas españoles de su tiempo, andaba atravesando una crisis paralela, o quizá correspondiente, a la que atribulaba todo el país […]”.
  4. La primera alusión a Contreras está en “Cubalix”, relato con el que concluye el libro de relatos “El viejo país” (1978). Y también en otros dos relatos, entre los dieciséis que componen “El coro a dos voces” (1997): “El monedero”, donde la cita simplemente, y “La libertad”. “Todo un verano para el padre Alfonso” ha sido recuperado en el libro colectivo “Fantasmas y monstruos de Chiclana” (Navarro Editorial, 2012).